Quiero ser aquel que al niño que fue no dejó de ser
el del sutil verso, de la canción, del felino encanto
enfrente a su amor, a sus lagos y a la luz de atardecer
con la añoranza, el delirio, la guitarra y su canto.
Déjame ser entonces aquel
que en su alma escribe pasiones y estragos
tú el paisaje que dibujo yo el pincel
yo los pies húmedos, tú los imponentes lagos
Ser el dueño del fuego de mi volcán
de alondras de luz en tu ventana
el delirante orgasmo de una fantasía invernal
Profundos sueños, un solo guardián
mi sonrisa que despierta cada mañana
siempre en mi recuerdo este invierno inmortal.