
Soy un jinete solitario que a hacia ti cabalga
sobre un indomable corcel llamado muerte,
soy mendigo enamorado que por tu mundo vaga
queriendo ser tu artista, sintiéndose inerte.
Mírame con tus áureos destellos de mujer
acaríciame con tus fieras y afiladas garras
juguemos el juego que al ganar, he de perder
¡oh dulces cadenas! con libertad amarras.
Laberinto introspectivo de dudas, ternuras y mentiras,
crees que no te entiendo, ¿quién te podría entender?
maldito y celestial misterio que emanas si me miras
delicada piel, sutil esencia, tanto hay en ti, mujer...
Tu fragilidad es como una nube que esboza hermosos celajes
pero que aviva también, catastróficas tormentas;
tu fortaleza Mujer, es colosal como los indefinidos mares
por los que se atraviesan aguas de felicidad o tristeza;
¡Oh Mujer!, encantado dilema, cuya ambigüedad es fuente de pesares
y de las maravillas ilimitadas de tu cinegética belleza.
Soy entonces, el personaje de tu historia
de la que tú misma quieres narrar
soy tan solo un interrogante en tu memoria
soy quien dispusiste te ha de amar
Senténciame con tu mitológica justicia
condéname a los delirios idílicos que tenga que pagar
lleno de retórica te defino con pericia
abyecto entiendo, que en mi vida sin ti no he de estar
Mujer, te has presentado en distintas personas
Y sigo pensando igual...