20.8.11

VULGAR VIVIR


¡Cuán turbulento es el vulgar vivir!
pintado con lucecitas fugaces de sonrisas
dulces pasteles vestidos de mermeladas de alegría,
la fluida fuente que en la existencia de mis hijos
hace recorrer con dulzura el paisaje de mi cordillera,
los amores y la embriaguez de los besos húmedos
el canto que canté con guitarra de cuerdas de oro
la laguna que con lágrimas lentamente llené
la pureza del fuego de la mujer que me parió
y aquellas pocas que aceleraron mis palpitaciones
las noches que no dormí y las que dormí soñando.

¡Cuán turbulento es el vulgar vivir!
la convulsión de una guerra que me exilió en un lugar ajeno
los sonidos de las balas, granadas y bombas que,
en mis oídos de niño grabé
la burla de otros que me llamaban extraño
y la pobreza de la mesa en la que comí
el oscuro túnel en el que perdí mi inocencia
el desierto que adolescente recorrí
la densa noche en la que bailé con Soledad
la madrugada en la que conocí a Melancolía
luego hacer el amor con Dolores y huir de Perfidia,
pero conocerte a ti amada, ¡que dicha la mía!
aunque me empalague ahora,
con el sabor a mierda de tu partida.

¡Cuán turbulento es el vulgar vivir!
si en esta cruenta batalla por existir
algunas victorias y tantas derrotas desgastan mi alma
sigo el camino sonámbulo, aún sigo aquí
observando la aurora, contemplando el ocaso
aceptándome a mí mismo, agradecido por sentir
esta agridulce experiencia y el sigiloso porvenir
en este ejercicio vulgar, en este vulgar vivir
donde la gente se viste con sus máscaras
todos por igual,
señalándose entre sí con dedos afilados como puñales
donde hay un niño que aún puede sonreír
y un viejo al que le sobran los motivos para llorar.

¡Cuán turbulento es el vulgar vivir!
porque la vida se me parece a una enigmática mujer
a una que aunque quise, nunca entendí
porque ahora que lo pienso lo reparo así
en el entorno de una templada noche
con su diáfana luna que no ha parado de reír
ahora que recibo esta visita, la de la Muerte en su presagio
cuán distinguida dama me parece así
que fugazmente me mira y con su mirada me dice
pronto, pronto por ti he de venir
¡Oh mi vulgar vivir, nuestro vulgar vivir!
de caminos desconocidos con un mismo fin.