Me gusta tu
mística luz guatemalteca
tu tierna
alma de peruana
la luna de
oro, la risa y tu mueca
tus brazos
cobijándome en la mañana.
Quiero
firmar la paz con mi consciencia
renunciar a
los armamentos de los delirios
callar la temerosa
voz de la experiencia
alejarme de
los cobardes y de sus martirios.
Me acusaron sin
juicio de daños a terceros
sin importar
que fuera yo el mal herido
repudié las
doce de los catorce de febreros
la olvidé y
no recuerdo haber querido.
Juégate la
vida, juégatela conmigo
dame un beso
después de la pelea
dame tu
locura que yo la bendigo
seré tu
Quijote, tu mi Dulcinea.
No le rezo
al patrón de los tristes poetas
prefiero la
descarada antorcha de la alegría
no soy más el
Romeo buscando Julietas
ni el donjuán
vencido ante la melancolía.
¿Acaso tendré la oportunidad amada mía
Ser en tu ser,
tu luz, tu sombra, tú, solo mía?.
